jueves, 11 de febrero de 2010

En la Plaza


Las horas del mundo golpean su cuerpo como tifones enardecidos, una hoja suelta al árbol, es tiempo de descansar y el le mira integrándose a las cavilaciones. La hoja se posa en el suelo marchitándose despreocupada. El hombre mira sus manos rugosas, las cremas están demás a estas alturas, piensa observando descaradamente las piernas de una escolar que pasa apresurada jugueteando con las hojas resecas. Incandescente intenta organizar al viento para levantar en algo el jumper, Le encanta mirar escolares, viejas, hembronas, gordas o la que se ponga frente a sus ojos, hace mucho que no tiene sexo, la falta de una compañera le tiene inhibido y asexuado de hace años, a veces sueña que una de las mujeres entenderá sus predicamentos sexuales y se le acercara con la boca como la de un pez fuera del agua, dispuesta a descargar su oxidada herramienta, pero a la fecha lo único que sale de su uretra es el meado, que tiñe sus pantalones por dentro. Hubo épocas en que las mujeres le miraban con deseo y no tapaban sus narices al acercársele.

Es verano y la playa queda a muchos kilómetros monetarios como para acercarse al océano, el calor le hace hervir las piernas, la cabeza y resto de su maltrecho esqueleto, las articulaciones seden a la gravedad con los años. El hombre intenta ponerse de pie y desequilibrándose da contra en suelo, una chica que pasa trotando cerca observa la lenta caída y se acerca al hombre para ayudarle a levantarse, la chica abraza al hombre apretando la espalda y el rostro del viejo da directo con los pechos de la joven, sin demostrar intención este huele los tersos pechos recordando tiempos mejores, al incorporarse roza en distintas ocasiones las piernas y el estomago de la joven, luego le acaricia la espalda agradeciéndole por ayudarle a estar de pie. La chica, sin mas vuelve a trotar perdiéndose de la vista del hombre, que sentado en la misma banca de siempre revive una y otra vez el perfume de la joven en su memoria, apropiándose de el como lo hacia del de sus amantes en otras épocas. A los minutos se levanta y camina para volver a casa, sabe que tendrá que encontrar otro lugar pronto para pasar a tarde, en ese lugar ya conoce a todas las chicas habituales y no quiere pasar por un pervertido
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jueves, 4 de febrero de 2010

La oficina, los cambios Y Otro día más.

Los domingos pasan, los jueves y la semana se repite incesante. Un grillo en el oído habla de la mañana y la levantada habitual, el despertador reinstruye del trabajo y me saca de los brazos de Morfeo. Las mañanas siempre son desastrosas, recuerdo el desayuno que nunca me sirvo cuando cierro la puerta, el Paisaje y una especie de riachuelo rancio acompañan el ritmo de los pies en piloto automático, en este mundo uno se acostumbra a todo, si trabajas de trapecista te salen callos en las manos. Un día, dos, repitiéndose en mis pupilas, el grillo, la puerta, el riachuelo, las cavilaciones y el ascensor. La puerta del jefe, impenetrable, la secretaria del jefe, ídem. Me paseo por los pasillos de una oficina que conozco de años, ahí están los teléfonos, me miran como si fueran ácaros expectantes, disponiéndose a clavarse en los oídos. Se para Robin del escritorio del frente y se apoya en el mío, comienza a hablar de la mina, de la tele, de las tetas y del hermoso verano, le miro con lastima, me gustaría tener un poco de agua salada en ciertas ocasiones para arrogarla en el rostro de quienes aman la playa y preguntarles que mierda adulan tanto de la salmuera. Pero normalmente me contengo, hay que llegar a fin de mes y la cosa esta difícil, como siempre. Robin mundialmente se llama Juan matamata, pero anda revoloteando al lado del feje desde que el sale de de su despacho VIP, hasta que abandona la oficina, robin es el perfecto ayudante adulador de superhéroe, exceptuando las metáforas psicodélicas y la severidad seria un perfecto robin, claro que estéticamente se parece mas al pingüino, pero es bien sabido que los pingüinos son muy ágiles y usan sombrero de copa, que para algo debe servir. Eran las 12.03 PM y robin seguía hablando por todas las cavidades, que su mina, que la tele, que la plata, las cuotas, que la vida, que la desilusión, que la tragedia. En mi mente una metralleta que jamás he usado, dibujándose en las manos, charqueando a robin el verborreico por esencia. Las 13:40hrs, en el reloj frente a nuestras cabeza, como siempre las horas sobre nuestras vidas, robin sigue hablando y la miseria toma mi persona, me arrugo virtualmente y me convierto en una pelota para patearme al basurero. El jefe sale de su oficina, la puerta no rechina, ni una palabra en el ambiente, solo una mosca que choca contra el ventilador suicidándose. Robin olfatea algo en el aire, su rostro muta a “Gollum” y deja de babearme las pestañas, como cachorro aguardando el fin de la vacaciones sale desequilibrándose, corriendo donde su amo para recibir un poco de aprecio, el jefe arquetípico mira las afueras de su oficina como si la habitación oliera a feca humana, luego se arregla la corbata, le cierra el ojo a la secre que muerde sus labios evocando semanas pasadas y encerradas con pollos y veladores. Robin con la agilidad aprendida de su inseparable amiga la imaginación, avanza veloz dirigiéndose al todopoderoso gerente, cuando el piso le hace una mala jugada, o el equilibrio, uno nunca esta muy seguro si son las fuerzas naturales o la estupidez intrínseca lo que nos tiene desvastados como humanos. Así, en segundos, Robin comienza a volar y sin preámbulo ni romanticismos da contra el pecho de Don Cuevas, el jefe, azotándolo contra la pared, un estruendo remese el lugar y el reloj marca las 13.50hrs. Robin se levanta y salta con las manos al cielo gritando, “no paso nada, no paso nada” El jefe, que en pus descanse no volvió a levantarse. Robin quedo como causante accidental así que solo lo despidieron y ahora trabaja de vendedor de seguros. Al llegar el nuevo jefe la secretaria también perdió su puesto, llego otra con las mismas medidas pero de pelo rubio, es sabido que cada jefe elige a sus ayudantes más cercanos. De la muerte del Sr. Cuevas no se hablo mucho mas en la oficina, al día siguiente ya habían pintado la pared y a nadie le sorprende un accidente después de ver la noticias en los diarios o en la TV. Pasan dos días y ya todo vuelve a lo mismo, las mañanas se suceden, los atardeceres, las semanas, los años repitiéndose incesantes, el Sao Paulo o en con-con, en la pieza o recordando el desayuno que nunca me sirvo cuando cierro la puerta.

miércoles, 3 de febrero de 2010

La Fruta y el Porrito

Las manzanas en esta época se parecen extrañamente a las peras, y estas a su vez se parecen a las calabazas y huelen a melón, las sandias son redonditas como una pelota de voleibol y saben al jugo que bota el trasero de las deportistas. Las frutas ya no son las de antes, recuerdo que cuando chico me perdía en la chacra de 20 metros que tenia mi abuela, habían varias plantas de cannabis y estas las ocultaban plantando entre ellas muchas enredaderas de tomates y ajíes, me encantaba comer los tomates con un poco de sal, como si fueran frutas tropicales de esas que salían en la isla de la fantasía por aquellos años, nada comparables a las mierditas desabridas y colorizadas que llaman ahora tomates, y lo raro es que a nadie le sorprende que un tomate dure como 10 días sin refrigerarse, estos frutos duran 3 días con cuea en su estado natural, quizás mezclan con que verdura, fruta o marsupial este nuevo producto para que dure mas, no seria raro que uno de estos días apareciera uno mezclado con cebolla para que se nos haga mas fácil hacer una ensalada chilena, todo por hacerle mas fácil la pega al cada vez mas desenfocado y estupido homosapiens, de ahí la idea de que nos dan alimentos para estupidizarnos y la inevitable involución de homosapiens a mongosapiens. Algunas veces también comí los frutos de las cannabicas de mi abuela y logre integrar a mi infancia profundas cavilaciones de la existencia, la vida, la muerte y la falta de todos esos estados, también perdí a varios amigos por que no entendían por que me reía tanto de sus ideas, a veces les regalaba galletitas cocinadas con la ancestral receta de la familia a los pocos amigos que me quedaban en la cuadra, todo funciono hasta que el hijo de la vieja Soraya, el chico luigi que vivía en la esquina comenzó a reírse de su madre por cada cosa que ella decía, fue tanta la risa que se cago y meo en frente de la vieja y le dio una especie de ataque compulsoide de carcajadas que terminaron descuajándole la mandíbula, recuerdo que salio como cascanueces directo a la posta con su mama llevándoselo de un brazo, el chico luigi no volvió a hablar, hasta que se curo la mandíbula claro. Su mama ya no le dejaba salir por que tenia el estigma de la drogadicción en su alma, o al menos eso nos explico el chico luigi a través de las rejas de su casa, la ultima ves que le fuimos a buscar, recuerdo que la vieja Soraya nos empapo con la manguera y recordó a toda mi familia incluyendo a mi difunta madre, en ese momento el agua fue excelente para sobrellevar los 20 minutos restantes de dia. Jamás me importo que me dijeran garatos, de hecho me gustaba inventar nuevas y diversas formas de ridiculizar a las personas, aparte esa vieja reculia tenia la concha arrastrándose por el suelo como apaleando locos y no se podía ni los cachetes.